Transición verde

El modelo económico tradicional, basado en la extracción y degradación de los recursos naturales ha probado ser insostenible.  Los Gases de Efecto Invernadero (GEI) que elevan la temperatura planetaria, impactando en todos los ecosistemas y mermando la riqueza biológica,  así como los efectos de la contaminación de ríos, lagos y mares que nuestro planeta ha sufrido en los últimos 200 años, han llevado al límite la capacidad de recuperación natural del planeta.

Con estos efectos tan dramáticos, la humanidad se enfrenta a sí misma con los efectos directos de su producción: inundaciones, sequías, tormentas, elevación de los niveles del mar, pérdida masiva de biodiversidad, crisis climática, degradación de la salud humana, inseguridad alimentaria, por citar algunos.

 

Ante este panorama, la Transición Verde es una herramienta para cambiar los esquemas de producción y consumo que nos han traído hasta aquí.

 

Y, ¿cómo nos acercamos a una Transición Verde?

 

La Transición Verde va de la mano con la Economía Verde, que en palabras sencillas, busca un desarrollo sostenible por medio del uso eficiente de los recursos, uso de tecnologías bajas en carbono y la inclusión social, buscando el bienestar de todas las personas bajo los límites ecológicos del planeta.

Hoy sabemos que la Economía Verde es más rentable, brinda mayores oportunidades de negocio y de trabajo para las personas, cuidando al mismo tiempo la salud de las personas y del ambiente.

En el año 2020, el Ministerio de Ambiente y Energía y la Universidad de Costa Rica en apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo desarrollaron un estudio que demuestra que invertir en una economía baja en carbono podría contribuir más de 40 mil millones de dólares en beneficios netos para la economía costarricense al año 2050.

La Transición Verde necesita de instrumentos transformadores, para ofrecer la seguridad jurídica a productores, consumidores e instituciones públicas y privadas, como los que se aplicaron hace tres décadas, cuando Costa Rica apostó por reducir y detener la deforestación.

Estas transformaciones estructurales requirieron de al menos, cuatro elementos: 1) modernización en la normativa, principalmente, la prohibición del cambio de uso de suelo a partir de la promulgación de la Ley Forestal de 1996, 2) creación de incentivos fiscales y del Pago por Servicios Ambientales (PSA), 3) políticas públicas y de política económica, enfocadas en fortalecer la inversión en actividades que hicieran usos no extractivos del bosque (ecoturismo) y 4) educación, sensibilización y cambio cultural.

Además de estas experiencias, hoy en día contamos con datos para la toma de decisiones, entre los que destacan MOCCUP URBANO o Monitoreo del Cambio de Uso y Cobertura del Suelo en paisajes productivos urbanos.

Esta herramienta innovadora permite monitorear la trama verde, que corresponde a las áreas naturales dentro del tejido urbano y responde al concepto de infraestructura verde.

En Costa Rica el desarrollo de la mancha urbana se dio de una forma espontánea, desordenada y no planificada, eliminando la mayoría de la cobertura natural. MOCUPP Urbano permite a gobiernos locales e instituciones monitorear los cambios en la cobertura vegetal para que sea utilizada en los procesos de planificación y toma de decisiones.